Inicio » Comité de Ética — Julio 17, 2017

Si yo cambio, todo cambia

“Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia”.  Aún se discute cuál escritor francés dio origen a esta certera frase, si Honoré de Balzac o Marcel Proust. Pero lo que no se duda es de lo real e importante de su significado.

Que el cambio empiece por nosotros mismos es la principal vocación que debemos tener, si queremos lograr las grandes transformaciones que se requieren para modificar la realidad que nos agobia.

Vivimos una época llena de incredulidades, con una permanente percepción de duda y desconfianza y hechos que ponen en tela de juicio la fe en quienes nos dirigen en las instituciones.

Por eso es necesario que unamos esfuerzos para recuperar el talante ético en la sociedad y en las organizaciones.

Pequeñas acciones marcan grandes cambios

Saltarnos el turno en una fila, omitir una señal de pare por afán de llegar a un destino, no alertar cuando la cajera nos retorna mayor dinero del debido, no ceder la silla a una persona necesitada, ser testigo de un hecho delictivo y actuar como ciego e inmune, no avisar a una persona ante la accidental caída de un objeto personal, entre otras, son situaciones que seguramente nos ha tocado enfrentar y en las que se pone en juego la ética.

Es en estos momentos en los que debemos adoptar pequeñas acciones que pueden traducirse en grandes ejemplos para nuestra familia y para toda la comunidad, o en muestras del fracaso en el aprendizaje de principios elementales de ética, civismo y convivencia, creyendo que somos los aventados y “avispados”.

Es en el día a día, en que nuestros cambios personales suman en la tarea de construir una sociedad justa, solidaria y respetuosa.

 

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