Inicio » Institucional — Octubre 19, 2016

Obsolescencia programada ¿Cómo afecta nuestra basura electrónica al medio ambiente?

Cada año generamos en el mundo tanta basura electrónica, como el equivalente a ocho veces el peso de la gran pirámide de Giza, la mayor de las pirámides de Egipto.

Seguramente le ha pasado que compra hoy un computador de última tecnología y al cabo de pocos meses deja de funcionarle como lo hacía inicialmente, y además en el mercado ya han aparecido al menos dos versiones mejores que la que usted compró.

A este fenómeno de la reducción de la vida útil de los aparatos con los que convivimos, unido a la rápida salida al mercado de nuevos y últimos modelos que nos invitan a desechar lo que tenemos, y a comprar y consumir de nuevo, se le conoce como “obsolescencia programada”.

Consumo y basura electrónica

Solo por dar algunos ejemplos, todos los días se activan 850.000 teléfonos inteligentes y se venden 250.000 tabletas. Para 2017 la proyección es que 905 millones de tabletas en el mundo serán utilizadas para trabajar.

¿Ha pensado en qué pasa cuando cada persona deja de usar estos equipos y decide comprar nuevos más modernos? ¿Si es verdad además que los aparatos de uso cotidiano como neveras, lavadoras, microondas, bombillas o reproductores de audio y video son producidos hoy para que sean útiles por menos tiempo, qué haremos con toda la basura electrónica que se genera?

Según la ONU, generamos hoy unos 50 millones de toneladas al año de residuos electrónicos que acaban, en un alto porcentaje, en vertederos de países en desarrollo. Aunque en muchas ocasiones se envía material electrónico usado a países pobres con el propósito de ‘reducir la brecha digital’, se estima que entre un 25% y un 75% estos equipos son inservibles.

Muchos aparatos electrónicos que tienen una vida más corta, contienen sustancias, metales pesados y materiales químicos peligrosos, que suponen serias amenazas tanto para las personas como para el medio ambiente.

Materiales como el plomo, el mercurio, el cadmio o el zinc pueden ser una fuente contaminante a largo plazo si no se reciclan de forma adecuada. En países receptores de estos desechos y que no cuentan con legislación ni infraestructura para reciclarlos, gran parte de ellos se tratan en fogatas al aire libre, liberando polvo y humos contaminantes derivados de la quema, enfermando a trabajadores, niños y dañando el ambiente.

Desde el cooperativismo y como defensores de la sostenibilidad ambiental y social, debemos promover campañas para generar conciencia sobre este problema y sobre su impacto en el medio ambiente, movilizándonos en favor del reciclaje, la reutilización y las innovaciones tecnológicas sostenibles.

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