Prueba de fuego


Hacia la mitad de marzo de 2020 se produjo una ruptura en nuestras vidas; un freno en todas nuestras actividades personales, familiares, económicas, recreativas, educativas, etcétera, acompañado por una gran dosis de incertidumbre sobre el futuro y llevándonos a cambios que antes ni hubiéramos soñado. El mensaje que desde un inicio se nos impartió es todo lo contrario a lo que habíamos entronizado: nada de abrazos, ni acercamientos físicos; más bien aislamiento social, quedarnos en casa, distanciamiento con todos nuestros amigos y seres queridos.

Vivimos meses en los cuales el alimento común fue el miedo -a salir de nuestras residencias, a tocarnos, a interrelacionarnos para evitar contagiarnos-. Así que la virtualidad, el oírnos desde la distancia, el vernos a través de videos fue el instrumento que adoptamos para mitigar el aislacionismo recetado como fórmula para superar este trance de la vida.

Meses después, la gran mayoría de colombianos hemos podido retomar parcialmente nuestra labores económicas presenciales, pero las actividades educativas y sociales siguen marcadas por la distancia. La consecuencia ha sido una crisis que ha afectado a muchos con quiebra de sus negocios, fracaso de sus emprendimientos y pérdidas de sus puestos de trabajo.

Hoy muchos buscan alternativas para superar dicha crisis y hacen modificaciones en los estilos de vida, en la manera de interrelacionarnos y en la forma de ejercer nuestros roles en la sociedad. En otras palabras, estamos rediseñando nuestro contrato con la humanidad.

Muchas situaciones serán diferentes a antes de marzo de 2020, y lo que debemos tener en claro es que esta nueva forma de vida no se resolverá ni con un fármaco ni con una vacuna. Para avanzar necesitamos una visión amplia y una armoniosa interacción de múltiples factores, en procura de salir adelante.

Se requiere, como prueba de fuego, aplicar lo aprendido por todos en Coomeva: la “solidaridad” como elemento integrador, como el mayor valor que ha formado las bases de lo que hoy somos, y que ha permitido que en los meses más lúgubres de este año se hayan brindado miles de acciones a los asociados para paliar sus dificultades.

Debemos hacer de la utopía el aliciente que dé sentido y sabor a nuestro futuro; que nos permita ver lo invisible de las posibilidades que tenemos como sociedad y construir en los nuevos retos que se nos presentan en la nueva realidad que nos corresponde afrontar.

En esta época de mascarillas, tapabocas y rostros parcialmente cubiertos, los invito a que empecemos con el reto de aprender a ver la sonrisa de cada ser humano a través de sus ojos.

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