Disfrutar de nosotros mismos en tiempos de pandemia

Estar solos no significa estar en soledad.
Nosotros mismos podemos ser nuestra propia compañía y pasar un tiempo excelente.

Muchos toman el tema de la pandemia con responsabilidad y han decidido asumir la distancia social de amigos e incluso de familiares, como la mejor manera de protegerse ante la COVID-19.

Por supuesto para algunos el sentimiento de soledad puede ser agobiante, pero estar físicamente solos no necesariamente tiene que generar sentimiento de soledad y estar rodeado de personas no quiere decir que te sientas acompañado.

La conexión social es una necesidad biológica para el ser humano. Somos seres sociales y nuestros cuerpos responden cuando no tenemos proximidad con otros, así que la nueva normalidad o incluso el vivir solo puede ser una situación difícil, pues necesitamos mantener la conexión social aunque estemos separados físicamente y no siempre se logra con la virtualidad.

Soledad tan riesgoso como fumar

Algunos estudios en el campo de la Psicología han revelado que la falta de cualquier tipo de conexión social es un factor de riesgo de mortalidad, comparable a fumar hasta quince cigarrillos al día. La sensación de soledad y el aislamiento social pueden aumentar en un 26% el riesgo de muerte a edad más temprana, y supera el riesgo asociado con la obesidad, el sedentarismo o la contaminación del aire.

La premiada autora y psicóloga Susan Pinker, autora del famoso libro The Village Effect publicado en 2015, describe la soledad como un sentimiento subjetivo de encontrarte solo contra tu voluntad. Explicó que podemos no estar con nadie y no sentirnos solos y, de igual forma, podemos sentirnos solos aunque estemos rodeados de personas.

 

 

 

 

 

 

Pasar el tiempo contigo mismo

Los expertos han identificado diversas estrategias que se pueden aplicar para hacer que el tiempo que se pase con uno mismo sea divertido y agradable, y sin descuidar el estar conectados y atentos a los demás, podamos convertirnos en nuestra mejor compañía.

Realizar ejercicio físico. Este es el mejor antidepresivo, porque libera hormonas (dopamina) que generan una sensación de bienestar y suben el estado de ánimo.

Caminar. Salir alrededor de la cuadra, tomando las precauciones de cuidado, puede ayudar a cambiar la rutina del día y crea oportunidades para ver a otras personas de manera casual.

Meditar. La respiración consciente ayuda a controlar los pensamientos. ¿Sabías que en un solo día una persona puede tener entre 65.000 a 70.000 pensamientos y la mayoría de ellos son de angustia?

Practicar meditación activa. Son actividades que requieren de tu concentración, como tejer, leer, escribir, pintar, o caminar en un entorno natural.

Realizar actividades virtuales. Existen diversas aplicaciones que permiten actividades virtuales como juegos en línea e incluso ver películas con amigos (Netflix Party, entre otras). Es cuestión de ser creativos.

Aprender algo nuevo. No importa la edad, siempre se podrá desarrollar nuevas habilidades como un nuevo idioma o a manejar nuevas herramientas tecnológicas.

Cocinar. La preparación de una receta nueva o hacer ajustes y crear en torno a lo que ya conocemos puede resultar una práctica entretenida, además de ayudar a mejorar nuestra alimentación y nuestro bolsillo, reduciendo los pedidos a domicilio.

Fortalecer el área espiritual. Espiritual no es sinónimo de religioso, es tener una conciencia de algo superior, que te genere un cambio.

Fortalecer el núcleo cercano. No esperar a que los otros llamen y tomar la iniciativa de ponerte en contacto con tus seres queridos.

Tener una mascota. A muchas personas les puede servir dedicarle tiempo al cuidado de un animal y pueden ser una buena compañía.

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