¿El fin está cerca?

 

Hasta hace poco pensaba que quienes protestan afirmando que el colapso de nuestro mundo está cerca, estaban exagerando. Ahora ya no. Y no lo digo por el nuevo coronavirus y las terribles secuelas que está dejando en las personas, en la sociedad y en la economía globalizada, pues estoy convencido de que vamos a superar esta situación como colectivo. Ojalá que las lecciones que nos deje la pandemia no las olvidemos rápidamente.

Lo digo porque una lectura atenta del libro 21 lecciones para el Siglo XXI1 me ha dejado claro que hay tres amenazas que se ciernen sobre nuestro mundo: el cambio climático, las guerras nucleares y las tecnologías disruptivas. Cualquiera de las tres podría ser catastrófica.

Empiezo por la más urgente: el cambio climático. Debido al abuso de los recursos naturales y al envenenamiento del aire, el agua y la tierra, “los hábitats se degradan, animales y plantas se extinguen y ecosistemas enteros, como la Gran Barrera de Coral australiana y la pluviselva amazónica, podrían acabar destruidos. Durante miles de años el Homo sapiens se ha comportado como un asesino ecológico en serie; ahora está transformándose en un asesino ecológico en masa. Si continuamos con esta trayectoria, no sólo se llegará a aniquilar un gran porcentaje de todos los seres vivos, sino que también podrían debilitarse los cimientos de la civilización humana.” (Pág. 138).

Las guerras nucleares son una posibilidad latente desde 1945. Cada vez hay más países que construyen bombas, algunos de ellos enemigos irreconciliables entre sí, como Israel e Irán, India y Pakistán o Corea del Norte y los países circunvecinos. Un malentendido, y el botón rojo que lanza un misil nuclear puede ser apretado. Peor aún, “Rusia y Estados Unidos se han embarcado recientemente en una nueva carrera de armas nucleares y han desarrollado nuevos artilugios del fin del mundo que amenazan con destruir los logros tan duramente ganados de las últimas décadas, y volvernos a llevar al borde de la aniquilación nuclear.” (Pág. 136).

Finalmente, la amenaza de las tecnologías disruptivas. ¿Por qué la tecnología, que en principio parece ser tan positiva, puede ser una amenaza? Porque la inteligencia artificial convertida en máquina reemplazará cada vez más a los humanos, en sí mismos y en sus trabajos. “La fusión de la infotecnología y la biotecnología puede hacer que muy pronto miles de millones de humanos queden fuera del mercado de trabajo y socavar tanto la libertad como la igualdad (…) al tiempo que la mayor parte de la gente padezca no ya explotación sino algo muchísimo peor: la irrelevancia.” (Pag. 14).

Este oscuro panorama no puede ser aclarado desde mesianismos individuales ni desde nacionalismos recalcitrantes. Los problemas globales sólo pueden ser abordados desde perspectivas globales, es decir, desde la cooperación de todos: personas, sociedades, naciones y organismos multilaterales, con criterios comunes. “Si queremos sobrevivir y prosperar, la humanidad no tiene otra elección que completar estas lealtades locales con obligaciones sustanciales hacia una comunidad global. Una persona puede y debe ser leal simultáneamente a su familia, sus vecinos, su profesión y su nación, ¿por qué no añadir a la humanidad y el planeta Tierra a dicha lista?” (Pág. 147).

Pues bien, los cooperativistas sabemos de cooperación, de creación de comunidades y trabajo por intereses comunes, con lo cual aportar soluciones a las grandes amenazas de la humanidad, si nos interesamos en buscarlas. Los invito a reflexionar: ¿qué
puedo aportar desde mi perspectiva personal? ¿qué podemos aportar como cooperativistas?

1 Harari, Yuval Noah (2018). 21 lecciones para el siglo XXI. Bogotá: Penguin Random House Grupo Editorial

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