Ética ecológica: A los cooperativistas nos debe importar

Padre, decidme, ¿qué le han hecho al bosque que ya no hay árboles? En invierno no tendremos fuego, ni en verano sitio donde resguardarnos.
(Joan Manuel Serrat, Canción Padre, 1973)


Las noticias son escalofriantes: Más de 500.000 hectáreas de selva de la Amazonía han sido arrasadas por el fuego, y algunos focos de destrucción se mantienen, lo que augura un resultado aún más catastrófico para esta región del mundo.

La Amazonía es la casa de un gran número de pueblos indígenas, tiene una enorme biodiversidad, regula el clima mundial y libera el 20% del oxígeno del Planeta. Concentra el 20% del agua dulce no congelada y produce los llamados “ríos flotantes”, cursos de agua invisibles que son llevados por los vientos y que originan la tercera parte de las lluvias de la Tierra.

Lo triste de todo este panorama destructivo es que la mayoría de los incendios son producidos por el hombre. Las políticas ambientales de Brasil cambiaron y el nuevo Gobierno ha permitido una deforestación descontrolada de la Amazonía a favor de un “desarrollo” que beneficia los intereses de unos pocos, deseosos de extender cultivos intensivos de soya, ganadería y minería, y va en contra de la conservación y del uso sostenible del pulmón del mundo, que está llegando a un punto de no retorno.

La iluminación ética de esta realidad nos la aportaba ya el Papa Francisco en su Encíclica Laudato Sí, sobre el “cuidado de la casa común”, en la que afirma que “los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas» (Nro. 56).

En el fondo, el problema de la Amazonía es ético: ¿Los intereses económicos de unos pocos pueden prevalecer sobre la supervivencia de la humanidad y de las futuras generaciones? Desde luego que la respuesta es negativa.

No es ético quedarnos indiferentes e inactivos. Muchos han levantado voces de protesta en todo el mundo. Voces que han entendido que a problemas sociales se responde con redes comunitarias, no con la mera suma de bienes individuales.

Y nosotros, los cooperativistas ¿qué vamos a hacer? Pues de no actuar, lo que nos espera es lo que canta Serrat:

Padre, si no hay pinos, no habrá piñones, ni gusanos, ni pájaros. Padre, donde no hay flores no se dan las abejas, ni la cera, ni la miel. Padre, que el campo ya no es el campo. Padre, mañana del cielo lloverá sangre. El viento lo canta llorando.

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