CUENTOS EN LOS QUE TODOS CUENTAN

Aunque no hemos tenido predilección por las aves nos llamaron la atención los canarios y los loros.

De los primeros nos deshicimos muy pronto, no recuerdo el motivo, y quedamos con una gran familia de loritos que fuimos regalando a algunos amigos. Finalmente nos quedamos con uno a quien llamamos Chulito, aunque era de color amarillo, debido a que por su condición de discapacidad nadie lo hubiera aceptado.

Sus paticas no se habían desarrollado muy bien pero con la derecha podía agarrarse un poco. Por esta situación nuestra hija G.A. se ideó una forma muy singular de ayudar al lorito: una serie de tiras anchas de tela que atravesaban la jaula de un lado al otro y en diferentes niveles, por las que Chulito, agarrado de su pico a ellas podía desplazarse por todo lado. No se podía parar en sus paticas y cuando quería descansar o dormir se sentaba encima de las tiras disfrutando la vida a su manera.

Era muy paciente pero como todas las aves, no permitía que lo cogieran y sólo con intentar hacerlo se enojaba mucho y atacaba a picotazos, por lo que para quitarle con una tijera especial unos hongos que le habían deformado el piquito, tuvimos que aguantar las caricias de su acerado pico.

Curado de esta enfermedad que ya casi no lo dejaba comer, la vida de Chulito cambió, se volvió más activo, alegre y ruidoso. Se sentía su presencia en toda la casa y reclamaba con gran algarabía agua y alimento cuando se estaban agotando en su recipiente.

Chulito nos acompañó en nuestro tránsito por los barrios Antonio María Torasso, Buenos Aires y Yapurá Sur y nosotros hicimos lo posible por retribuirle su presencia en nuestra existencia, dándole lo mejor y haciéndole la vida más soportable dada su condición y él nos enseñó que, pese a las dificultades que se tengan, la vida vale vivirla porque ¡la vida es bella!

El 31 de diciembre de 2011 nos fuimos a celebrar con unos amigos el año nuevo y al regresar en la mañana del 1° de enero de 2012 lo hallamos muerto. Algunos dicen que murió de un infarto provocado por el estruendo de cohetes y bombas quemados durante el tránsito del 2011 al 2012. Otros aseguran que su muerte fue una forma de sacrificio para que no muriera uno de los integrantes de su nueva familia, uno de nosotros.

Nota del autor: «El presente texto pertenece a mi libro inédito de relatos “Entre perros y gatos, historias de mascotas”, escrito en 2016».

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