Inicio » Desde el Consejo — Abril 29, 2014

Una historia llena de emoción

Palabras pronunciadas durante la celebración de los 50 años de Coomeva

Es mucha la emoción que nos embarga cuando estamos celebrando cincuenta años desde que una chispa creadora trajo al mundo esta hermosa organización que es hoy Coomeva.

Una chispa que el 4 de marzo de 1964 parecía pequeña y limitada, pero que contenía la fuerza, el vigor y la intensidad que la han hecho crecer año tras año desde que la vitalidad creadora del doctor Uriel Estrada le dio vida, acompañado de un grupo de médicos que aceptaron ser parte de ese emprendimiento e iniciaron una proeza que más tarde florecería en innovaciones, sueños y realidades.

Fácil sería centrarse en las grandes cifras de nuestra organización. Hablar de los activos, los ingresos y el crecimiento, pero cuando meditaba sobre cómo abordar este discurso, que la vida me dio en suerte y privilegio por tarea, me dije que lo que habría que destacar no es la magnitud económica de Coomeva, sino la construcción social y el milagro de la mutualidad y de la solidaridad que han hecho posible que colombianos de todos los rincones del país, de todos los colores y creencias, amantes de la salsa o el vallenato, de la cumbia o el bambuco, unieran sus esfuerzos y voluntades para hacer realidad un sueño colectivo que se ha arraigado en la Costa Caribe como en el Eje Cafetero, en la Meseta Bogotana como en el Valle del Cauca, en Antioquia como en nuestro Litoral Pacífico.

Coomeva nació caleña, de eso no hay duda, pero hoy es una realidad de todo un país que constituye una comunidad vital y creativa de profesionales de todas las disciplinas, desde donde varias generaciones de colombianos estamos construyendo un capital social y económico de los más importantes del país.

Coomeva no es una obra de una persona o de un grupo. No podría ser. Coomeva es el fruto de muchísimas voluntades: de asociados, dirigentes, colaboradores y líderes que le han ido aportando su carácter particular. Tampoco ha sido una construcción rectilínea, pues como cualquier obra humana ha estado sujeta a los sueños, los disensos y los consensos.

Este tejido diverso que se ha ido hilando poco a poco ha terminado por constituir un enorme lienzo que cubre prácticamente todo el país.

Me permito hacer mención brevemente a cada uno de estos actores que han hecho posible la historia de éxitos que estamos celebrando.

Quiero en primer lugar referirme a los pioneros, a esos hombres y a la mujer que una noche de marzo se reunieron para comprometerse con un proyecto que parecía modesto pero lleno de esperanza: la posibilidad de dar cobertura y protección a sus familias en caso de que ellos faltaran.

De ese grupo original salieron muchas historias destacadas. La del propio doctor Uriel Estrada, el inspirado fundador que luego liderara Coomeva por casi dos décadas. La del doctor Víctor H. Pinzón, que ha jugado un papel principal en esta historia. O la de la doctora Graciela Hurtado de Mazariegos, la primera mujer médica en el Valle del Cauca.

Ese primer grupo de asociados aceptó no solo aportar a esta naciente empresa, sino que estableció un proceso de formación cooperativa como requisito al ingreso, el cual ha hecho que gente muy diversa acceda a esta filosofía que ha transformado al mundo.

La propuesta inicial que aspiraba a una coberturas en caso de muerte, solo logró hacerse realidad un tiempo después, pero desde el primer día se inició el aporte de capital, el ahorro y prontamente los primeros créditos.

Al doctor Estrada le gusta hablar de su propia vida como un itinerario imprevisto que lo llevó a vivir en Cali, encontrar allí al amor de su vida, doña Nelly Navia, fundar Coomeva y luego seguir aportando iniciativas e ideas para hacer de éste un mundo más solidario y sostenible.

De la misma manera, la historia de Coomeva sigue esa trayectoria imprevista desde el original ahorro y crédito con médicos en Cali hasta la expansión geográfica, la ampliación del vínculo asociativo, la apertura de diversos servicios: financieros, médicos, de seguros, de viajes, de recreación, y tantos otros que han marcado la vida de esta organización y de sus cientos de miles de asociados.

Estos pioneros pronto se vieron acompañados de nuevos asociados a medida que la buena nueva se iba difundiendo y Coomeva comenzaba a mostrar la fuerza incontenible que la impulsaba.

Son decenas de miles las historias de estudios realizados, hijos traídos al mundo, los primeros autos adquiridos con un crédito de Coomeva, las primeras viviendas, viajes de recreo en familia, libros publicados, amores encontrados y vividos, vidas salvadas. Todo gracias a Coomeva.

Así, la Cooperativa que hoy celebra sus 50 años es muy distinta en todo sentido a aquella que se fundó en 1964, pero a lo largo de esta tremenda transformación histórica hay elementos que siguen tan presentes y tan vivos como el primer día.

Me refiero al compromiso solidario, a la fe en que la ayuda mutua es más poderosa que la competencia salvaje, al carácter inclusivo de nuestra organización, a la primacía del interés colectivo sobre el individual, en fin, a tantos valores y convicciones que nos han acompañado en estas cinco décadas y que, lejos de debilitarse, se fortalecen cada día con el compromiso de cientos de dirigentes.

Coomeva es la suma de muchas voluntades, de los aportes que cada mes hacen profesionales de todo el país. Pero así como los asociados han construido esta organización, de la misma manera los dirigentes hemos jugado un papel destacado en esta historia.

Basta con ver hoy a más de 170 comités reuniéndose en todo el país al menos una vez al mes. Mirar a más de 800 dirigentes dedicando sus energías, su compromiso y sus esperanzas a hacer crecer y consolidar esta hermosa organización.

Un grupo humano tremendamente diverso en el que conviven la experiencia y la juventud, la fuerza ideológica del cooperativismo fundamental y el impulso creador del emprendimiento con carácter social y empresarial. Una Coomeva en la que se fusionan en un crisol institucional la emoción del costeño caribe y el emprendimiento del paisa, la alegría del vallecaucano y el arraigo local del cafetero, junto a la dedicación del bogotano y la autenticidad del palmirano.

Cualquiera se sorprende de ver lo diversa y rica que es Coomeva, cómo las discusiones despiertan pasiones buscando defender ideas o impulsar proyectos, cómo ha sido de rica esta historia de décadas de construcción, debates, diálogos, encuentros y desencuentros. Porque la historia no es sólo la que se compone de logros o momentos felices, es historia también el fracaso, la dificultad, la diferencia que luego se supera en un abrazo.

Esta Coomeva dinámica, fuerte, que ofrece una propuesta de valor poderosa a sus 250 mil asociados, ha sido posible porque responde a una aspiración esencial de los profesionales de Colombia. Porque ha sido capaz de construir un portafolio de soluciones amplio e integral que ha demostrado su valía y pertinencia para ayudar a construir patrimonio, satisfacer necesidades fundamentales y aportar al bienestar y la realización de los asociados y sus familias. Una Coomeva que hoy da empleo directo a cerca de 14 mil colaboradores y a otros 20 mil indirectos, sirviendo a casi 4 millones de usuarios.

Quiero honrar a esos miles de colombianos, que bajo el cobijo de Coomeva han trabajado para que nuestros asociados tengan los mejores servicios y alcancen sus metas. Tantas voces anónimas, tantas familias que han progresado junto a Coomeva. Tantos hombres y mujeres que llegaron a trabajar a nuestra institución como un empleo más y que rápidamente fueron atrapados por la pasión, la fuerza, el compromiso y el carácter único y auténtico de esta empresa solidaria.

Estos seres son los que cada día llevan nuestros servicios a todo el país, los que nos atienden, los que mueven las operaciones, nos sirven el café o aseguran los procesos. Esta celebración es también para ellos.

Y si bien todos nuestros colaboradores son importantes, pues gracias a la suma de sus esfuerzos es que Coomeva ha alcanzado todo lo que se ha propuesto, hay entre ellos algunos que han ejercido un fuerte liderazgo, motivando y guiando a sus colegas hacia nuevas metas, hacia logros más elevados, y estos son los gerentes generales que ha tenido la Cooperativa.

Personas y líderes de convicciones. El doctor Estrada y su enorme fuerza creadora que hizo que una pequeña brizna se transformara en un árbol fuerte y frondoso. El doctor Víctor H. Pinzón, que le imprimió una esencia cooperativa particular a una empresa que crecía y se diversificaba. El doctor Gerardo Restrepo, que coadyuvó a generar nuevos servicios a través de empresas como Coomeva Recreación y Cultura. El doctor Carlos Alberto Lozano, quien modernizó las instalaciones y amplió portafolios de servicios como el de Coomeva Medicina Prepagada. El doctor Laureano Novoa que impulsó la expansión del sector salud en la década pasada. Y ahora el doctor Alfredo Arana que ha sabido darle a nuestra querida Coomeva una dimensión y una solidez que equilibra la esencia cooperativa y las mejores prácticas de la gestión corporativa moderna.

También debo mencionar la labor de nuestro Consejo de Administración y de la Junta de Vigilancia, pilares fundamentales de nuestro rol de dirigentes en el ejercicio de la administración y el control. Con respeto quiero referirme de manera especial a uno de ellos, presentando a los demás excusas por no mencionarlos en particular, pero me es imposible no referirme al doctor Armando González Materón, mi maestro, quien en todos sus años como presidente del Consejo me enseñó lo que es el aprendizaje, el compromiso y la fuerza que da ayudar a crecer a una organización como Coomeva. Gracias doctor González, por estar presente en nuestra historia.

La dinámica entre la dirigencia y estas personalidades fuertes aunque no siempre fácil, ha sido muy productiva. Juntos, cada uno desde su rol, hemos ido dando forma a una organización que así como refleja la diversidad de nuestro país, sintetiza de manera creativa y multiplica nuestras virtudes.

Qué suerte tan grande hemos tenido todos. Qué regalo de Dios hemos recibido, cuando por una u otra circunstancia fuimos llevados, invitados o atraídos a ser parte de esta gran institución profundamente humana, encarnación de tantos sueños y esperanzas.

Que suerte ser parte activa en este emocionante proceso de construir desde una filosofía solidaria un modelo empresarial capaz de impactar favorablemente la vida de cientos de miles de familias y de ayudar a cambiar un país.
Estamos celebrando nuestros primeros cincuenta años, un hito que tanto las personas como las empresas vivimos con la mayor relevancia. No es el final de una historia, es el prometedor e impactante inicio de una historia mayor, más productiva y de mayores alcances pues Coomeva tiene aún mucho que darle a nuestro país, al cooperativismo y a nuestros asociados.

Cuando miro al futuro veo una Coomeva más fuerte en su tejido social, con asociados mucho más satisfechos e identificados con este modelo y que entienden el valor de la solidaridad y las ventajas de la ayuda mutua.

Veo una Coomeva de dirigentes comprometidos, dedicados al bien común, inspirados por el deseo de servicio a los demás, ejerciendo una democracia cooperativa robusta y transparente. Veo a unos colaboradores entregados a la noble tarea de transformar la vida de cientos de miles de colombianos para permitirles nuevas metas y una mejor calidad de vida. Veo comunidades prósperas, familias realizadas gracias a Coomeva. Veo una Cooperativa mucho más auténtica, más comprometida. Veo muchas celebraciones como ésta. En fin, veo una historia muy larga de beneficios y de realizaciones…

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