Inicio » Educación — Mayo 22, 2015

Del consumo individual al consumo colectivo

El “consumo responsable” se enfoca en promover en los ciudadanos conciencia en la toma de decisiones de sus compras, para que consideren en ellas cómo se produce el producto que se elige comprar y evalúen qué relaciones socio-ambientales hay por detrás de ese producto. Dentro de este concepto también está la idea de austeridad voluntaria y del examen constante sobre la necesidad real de adquirir bienes u objetos.

El consumo responsable fomenta además una producción sin explotación, ni del ser humano ni de la naturaleza. Por tanto promueve los emprendimientos autogestivos que se basan en valores como la solidaridad, la cooperación y la reciprocidad.
El consumo y en especial el consumo responsable es un tema de especial relevancia en el cooperativismo y la economía solidaria.
Factor C, clave en el consumo responsable
El profesor Uruguayo Pablo Guerra1 define el consumo como el proceso que implica la utilización de bienes y servicios para la satisfacción de diversas necesidades humanas que redundarán en un posterior beneficio o deterioro de su integridad.
Autores como Manfred Maxneef han llamado la atención a que la satisfacción de las necesidades no implica siempre actos de consumo desde el punto de vista mercantil. Las personas no siempre están motivadas por las carencias; también buscan “ser más” y persiguen diferentes medios para lograrlo. Una expresión de esto es el cooperativismo.

El llamado Factor C que define al cooperativismo – compañerismo, comunidad, cooperación, colaboración, comunión, coordinación-, según el estudioso Luis Razeto, no busca la acumulación de bienes materiales. Orienta a una participación activa que permita trascender en la satisfacción de necesidades y ser útil a la comunidad, para encontrar otras alternativas de construir riqueza integral, mediante un consumo responsable.
Así, el cooperativismo en sí mismo se constituye en un modelo de consumo responsable. Por su naturaleza y filosofía, aboga por el bienestar y la calidad de vida de los asociados a las cooperativas y de sus familias a través de proveer bienes, productos y servicios generados por las mismas organizaciones solidarias en respuesta a las necesidades de un colectivo.

El consumo desde las cooperativas se genera con los aportes de los asociados y en modelos de economías de escala que contribuyen a la eficiencia y uso racional de todo tipo de recursos.

El modelo cooperativo aporta un “otro camino” frente a los procesos de intercambio que se generan en el mercado para satisfacer necesidades y gracias a la responsabilidad que asume en todo sentido, conllevará a una sociedad más justa, humana y con equidad.

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