Inicio » De la Presidencia Ejecutiva — Enero 17, 2018

Banca ética y cooperativismo: Lo colectivo por encima de lo individual

“Las sociedades actuales enfrentan el desafío de romper con la idea de que la felicidad viene de la mano del consumo”. 

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Más allá de un cambio en la forma de operar de las entidades financieras, la banca ética reivindica valores de vida y la dignidad humana, en función de transformar el paradigma de crecimiento desmedido y acumulación que ha hecho tanto daño a la sociedad y al Planeta. Que luego de estar inmerso en el sistema financiero tradicional por 30 años, un banquero se retire para dedicarse a andar el mundo promoviendo un nuevo modelo de banca ética, hace que sus palabras no solo sorprendan, sino también que sean de especial valor.
Me refiero a Joan Antoni Melé, el economista de origen catalán que abrió el primer banco ético en España en 2006 -Triodos Bank-, y que luego de expandir esta idea en Europa ha empezado a hacerlo en América Latina con una gira este año por Argentina, Chile y Colombia.

Aunque hay más modelos de banca ética, Triodos Bank es el referente mundial. Nació en Holanda en 1971 y se extendió por Europa aplicando en el negocio bancario el enfoque de triple resultado -personas, planeta y beneficio-, reflejado en su propio nombre que deriva de la expresión griega tri hodos o ‘triple vía’. Melé representa hoy a la Global Alliance for Banking on Values que agrupa 41 bancos éticos en el mundo, en un fenómeno en crecimiento.

Este concepto de la banca ética parece revolucionario, pero no porque sus ideas de conciencia en el uso del dinero, límite a la acumulación y ganancia, y transparencia en las inversiones, sean temas nuevos. De hecho, son en buena parte bases que sustentan desde hace casi 200 años al cooperativismo. Son fuertes las coincidencias entre la esencia y los resultados que busca la banca ética y los de la doctrina cooperativa.

El punto interesante está en el cambio de la perspectiva capitalista que legitima la búsqueda de la rentabilidad, pero en favor de una verdadera transformación social. La banca ética apuesta por una economía de libre mercado, pero con un límite, donde la prioridad no son las ganancias desmedidas, y en el que el capital cobra sentido en función del bienestar colectivo y del Planeta, y no en su perjuicio como sucede en muchos casos. Se trata de un cambio de paradigmas económicos individuales y colectivos, hacia un modelo económico que sirva a la humanidad y no solo a unos pocos.

En virtud de esto, encuentro muy pertinente invitarlos a conocer y a analizar las ideas centrales que promueve Joan Melé, pues más allá de plantear una nueva forma de operar para los bancos, nos invita a ver el dinero, el trabajo, las relaciones individuo-comunidad y la vida de forma alternativa.

Dinero y conciencia

A finales de los años 60 surgió en la sociedad civil la conciencia sobre el uso del dinero, cuando muchos descubrieron que los bancos donde ahorraban invertían en causas que perpetuaban y profundizaban las injusticas contra las que se estaba luchando. El rechazo a la guerra de Vietnam, la oposición al régimen del Apartheid en Sudáfrica, la lucha por la igualdad de los derechos civiles y de género eran el centro de las manifestaciones.

Es en este contexto en que cuatro profesionales holandeses crean la Fundación Triodos, dedicada a captar fondos para invertirlos en actividades sociales, medioambientales y culturales, y luego, en 1980, a Triodos Bank.

De esta forma se da lugar a las dos ideas básicas que diferencian la banca ética de la tradicional: La responsabilidad y la transparencia en las inversiones.

La primera se refiere al uso del dinero de los clientes con criterios de conciencia y ética, invirtiendo con impacto social positivo en las personas y el medio ambiente, en proyectos económicamente viables para hacer el banco sostenible y rentable. Esto incluye generalmente que tengan una línea de microcréditos para apoyar emprendimientos, en sectores desestimados por la banca tradicional como los culturales y artísticos.

La segunda implica que el banco mantenga informados a los dueños del dinero -los ciudadanos-, sobre en qué lo están invirtiendo, y que ellos puedan decidir si están o no de acuerdo. La transparencia obliga a la ética.

Un nuevo sentido para la economía

Las palabras “banca” y “transparencia”, “ética” y “responsabilidad social” de manera infortunada se han percibido opuestas. Aunque desde la economía solidaria y en particular desde el cooperativismo se ha demostrado que obtener beneficios económicos y a la vez sociales sí es posible, y que los bancos y las cooperativas que hacen intermediación financiera cumplen una extraordinaria labor para la sociedad.

Esta distorsión de la percepción radica en la separación que se ha hecho de la economía y de la vida cotidiana, según Joan Melé, por lo que hay una urgente necesidad de repensar la economía y su relación con los seres humanos, poniendo la atención en las consecuencias de las acciones económicas.

En un mundo en el que el 1% de la población acumula más riqueza que el 99% restante, donde los intereses monetarios siguen por encima de los de la humanidad, generando profundas desigualdades e injusticia social, la crisis es ética, moral, de valores y en suma, de sentido de la existencia. Como nos plantea la banca ética, no podemos olvidar que más de 3.000 millones de personas viven en pobreza absoluta, definida como la privación severa de necesidades humanas básicas, y que en nuestro país aún mueren niños por hambre.
“Nunca antes habíamos tenido tantos recursos técnicos y científicos y tanta riqueza, y sin embargo es la época en la que más conflictos sociales y ambientales tenemos”. ¿Qué nos falta y qué no hemos entendido para llegar a un real progreso y desarrollo para todos?

La respuesta, para Joan Melé, está en la dignidad humana. Nos hemos enfocado solamente en el crecimiento y la acumulación. No saldremos de esta crisis sino hacemos estas reflexiones y este cambio, empezando por cada individuo, redefiniendo nuestra libertad, nuestra forma de consumir y espacios de consumo y de ahorro, pero a la vez entendiendo que hacemos parte de una comunidad y que necesitamos redefinir el éxito colectivo en función también de los otros más que desde nuestra propia individualidad.

Las propuestas solidarias y cooperativas han contribuido y pueden aportar mucho más en resolver este dilema individuo-comunidad; coincidiendo con las ideas que reivindica la banca ética, promoviendo un cambio en el propósito económico.

Hacia un modelo de banca ética en Coomeva

Nuestro Grupo Empresarial Cooperativo Coomeva cuenta con un banco que, sin descuidar su responsabilidad de ser sostenible y exitoso desde la perspectiva económica, está comprometido con condiciones incluyentes y causas justas, y con proyectos que aporten a la calidad de vida de los asociados y demás clientes, priorizando la educación, la vivienda y el desarrollo empresarial.

Hemos desarrollado un amplio y comprometido ecosistema de servicios financieros liderado por Bancoomeva, del cual hacen parte: Conectamos Financiera, empresa de tecnología aplicada a los servicios financieros; la Fundación Coomeva, que cumple una importante labor para el apoyo al emprendimiento; y Fiducoomeva, un poderoso instrumento financiero, los cuales se unen a la labor que adelanta la propia Cooperativa y los otros dos Sectores Mutual-Asegurador y el de Salud, que deben actuar en consonancia.

Todas nuestras empresas, cuentan con un “Código de Buen Gobierno” que promueve un ejercicio gerencial rendición de cuentas, transparencia, y con una política de Responsabilidad Social Empresarial, incorporando el compromiso social y ambiental en todas las operaciones.

Hemos adherido al Pacto Global de la ONU que promueve la protección de los derechos humanos y laborales, aportando a la lucha contra la corrupción y contra todas las formas de violencia y trabajo infantil o indigno; y contribuimos a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS.

Queremos tener unas empresas de gran éxito empresarial, y lo estamos logrando, pero también, que respeten la iniciativa privada e individual, y sepan actuar en ellas; pero que entiendan que ellas tienen valor en la medida en que son parte y saben enfocarse en los impactos positivos en la comunidad y en el ambiente. Indudablemente todas estas son razones para vincularse y mantenerse unidos en una comunidad cooperativa como Coomeva.

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