Inicio » Coomeva Salud — Noviembre 7, 2013

“A mis 100 años le temo a llegar enferma a la vejez”

Con una mano sobre un bastón y la otra sobre un familiar, la espalda gacha y el semblante desmejorado, una señora de unos 70 años ingresa a la sala de espera en Coomeva Medicina Prepagada en Tuluá.

De pronto alguien se levanta. “Ve, mijo -le dice a su hijo que la acompaña- por eso es que no me gustaría llegar así a la vejez”. Y con estas palabras, doña Etelvina Correa Cedeño le ofrece su silla a la recién llegada.

A sus 100 años cumplidos, a lo que más le teme doña Etelvina es, como dice ella, “a llegar enferma a la vejez”.

Cumplir sus 100 años de edad, lejos de traerle impedimentos, fue su motivación para quedar “planchada y emperifollada”, subirse a la carroza acompañada de dos de sus hijos Silvio y Edgar, arriar los caballos para ser tan puntual como siempre y ser la reina de una fiesta celebrada por casi 300 personas entre familiares y allegados, incluyendo sus médicos y funcionarios de la Unidad Integral en Salud de Tuluá, a quienes personalmente invitó.

Su cumpleaños trascendió las fronteras del tradicional barrio Sajonia de Tuluá, donde vive doña Etelvina con su familia, y ocupó titulares de importantes noticieros nacionales. Sin embargo, aunque no es muy amiga de las cámaras ni de los flashes, esto no le quitó la calma y la tranquilidad que conserva como una de sus mayores virtudes y razones para ser una abuela centenaria.

Pero la celebración no paró allí. San Andrés Islas fue su siguiente destino. Alistó sombrero, bloqueador, gafas y traje de baño. Pero aún con maleta lista y una fila de familiares esperando casi a la puerta del avión, doña Etelvina no tomó rumbo vacacional hasta tanto su médico, el Internista Jaime Paredes de Coomeva Medicina Prepagada, no le autorizara.

“Cumplir con mis citas médicas, llegar antes de la hora a ellas, ser estricta en mis chequeos y exámenes y cuidar mi salud y mi vida es lo más importante para mí”, dice doña Etelvina con gran convicción. Y con la misma fuerza de su dulce voz que maravillosamente aún conserva, se enternece también cuando habla del calor humano, el trato afable y la atención que recibe en Coomeva en Medicina Prepagada y en Coomeva EPS, a las cuales ella y su familia están afiliadas desde que estas empresas se crearon.

“Creo que el trato humano y amable de los médicos hace que los pacientes tengamos una buena salud. No se necesitan grandes edificios ni instalaciones de última generación; es más importante la calidad humana y la atención. Por ejemplo, en Coomeva Medicina Prepagada me tratan con amor; soy la “abuelita Etelvina” para todos ellos, y no cambio la aromática que me da doña Miriam, siempre que voy a mis citas médicas”, cuenta doña Etelvina.

Buena vida, buena salud

Una misa y un rosario al día son como el baño diario de doña Etelvina, pues como ella dice, Dios le ha dado su bendición y su fortaleza, pero también cree en aquello de “ayúdate que yo te ayudaré”.

Doña Etelvina cuenta con la ayuda divina y con una herencia genética de longevidad, pues su padre y su hermana vivieron más de 90 años; también su primo hermano, el maestro y músico Héctor Cedeño de gran trayectoria artística en el Valle del Cauca. Pero ella complementa estos privilegios con una vida sana y moderada, sobre todo llena de amor, tranquilidad y buenos sentimientos.

Desde muy pequeña tuvo que trabajar para vivir. Preparaba y servía almuerzos con su madre y su abuela a trabajadores del Ingenio San Carlos, cuando salieron de su vereda Los Chancos jurisdicción del municipio de San Pedro. Tuvo cinco hijos de su unión con don Manuel José Moreno Cobo (qepd), que le dieron 10 nietos. Vivió en Cali por más de 18 años y al quedar viuda regresó a Tuluá.

Sin importar lo agitado del día, ella siempre ha respetado sus horas de sueño; se levanta temprano a diario, toma jugo de frutas y cereales. En su desayuno no puede faltar el queso, la arepa, los huevos cocidos y el chocolate que hacen parte de los cuidados de sus sobrinas Mercedes y Sandra.

A pesar de venir de una familia muy humilde, siempre se ha cuidado en su alimentación. Le gusta el sancocho de gallina, como buena valluna, pero come pocos fritos y no consume azúcar para mantener controlada su diabetes. Según su hijo, don Silvio Moreno Correa, la condición de salud de doña Etelvina es mejor que la del resto de la familia.

Para doña Etelvina, tanto Coomeva Medicina Prepagada, como Coomeva EPS han sido unas aliadas para complementar su calidad de vida.  “La única ansiedad que sufre mi mamá es que la llevemos a tiempo a las citas, a los exámenes o a los chequeos médicos en Coomeva. Tiene una memoria prodigiosa, no olvida nunca una cita médica y siempre va a ellas con mucho ánimo y alegría”, cuenta don Silvio.

Doña Etelvina es el hombro y el soporte de la familia en situaciones de dificultad. Su personalidad calma e introvertida contrasta con su fortaleza y espíritu aguerrido. Pero ella y su familia dan la explicación: nunca ha sufrido de rencores, apegos o sentimientos negativos. Es muy detallista con las personas. De todos quiere ser amigos y a todos les quiere dar su corazón, siempre dispuesto, caritativo, cariñoso y humilde.

El teléfono suena. Doña Etelvina interrumpe su programa favorito musical de televisión y con su bastón, con el que parece más bien bailar que apoyarse, se dirige a responder. Es sábado a las 8:00 pm y en su casa suenan los boleros, las rancheras y hasta el reggaeton, cantando letras que demuestran que podrá parecer vieja en edad, pero no en espíritu y salud.

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